Antes y Después: el día que Radiohead abandonó el rock

Radiohead
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A estas alturas un álbum como OK Computer, tercer larga duración de Radiohead, es considerado casi por unanimidad un clásico de la música contemporánea.

Completamente distinto a todo lo que se grabó en la década de los noventa, representó un punto disruptivo no sólo dentro de la trayectoria discográfica del grupo comandado por Thom Yorke, sino también respecto al rock alternativo todo.

Fue y sigue siendo el disco icónico de los 90’s, uno de esos que sin problemas se codea con otros referentes obligados de sus respectivas décadas, como Sgt. Pepper’s y Dark Side of the Moon.

Ya con un segundo álbum tan excelso como lo fue The Bends, Radiohead había demostrado que “Creep” y el término one-hit wonder les quedaba chico. No obstante, fue su tercer LP el que los catapultó hasta alturas insospechadas y les valió el calificativo de genios.

Pese a ello, para su siguiente grabación los de Oxford no consideraron ni por un segundo jugar a la segura y lanzar un OK Computer 2.0 —que igual habría sido recibido con los brazos abiertos por fans y crítica—, sino que decidieron hacer lo que nadie esperaba: cambiarle la cara al rock una vez más, o mejor dicho, darle la espalda y grabar otro álbum por completo distinto.

Para entonces Thom Yorke había perdido todo interés por las melodías tradicionales propias de la canción pop. En cambio, su atención estaba fijada en los ritmos electrónicos de trabajos altamente experimentales como Endtroducing de DJ Shadow y los discos de Aphex Twin.

El resultado fue Kid A, publicado justo en el momento exacto: el 2 de octubre del 2000, en los inicios de un nuevo milenio dominado por la tecnología de la que OK Computer renegaba y advertía con tanta vehemencia.

radiohead kid a

Desde el primer instante demostró ser tan o más difícil de digerir que su antecesor. Un trabajo en donde, paradójicamente, predominaba la música electrónica generada a partir de sintetizadores y máquinas, y que a su vez conservaba el profundo toque humano de la banda.

El nombre de Kid A alude, supuestamente, al apelativo del primer humano clonado, que para entonces se supone ya caminaba entre los seres humanos.

El concepto del disco gira justamente alrededor de temas como el deshumanizante progreso tecnológico, el aislamiento y la frialdad del mundo posmoderno representada en las gigantescas y heladas montañas de su arte gráfico.

El disco no fue del todo comprendido por algunos, o al menos no al principio, pues era, evidentemente, un trabajo desafiante, innovador y una vez más distinto a todo lo que se cocinaba en la industria musical de su época.

Si ya con The BendsOK Computer Radiohead se había ganado el respeto de la crítica más quisquillosa, con Kid A se consagraron como la banda más importante de su generación.

El nivel cualitativo de Yorke y compañía se mantuvo constante en cada uno de sus siguientes entregas, cada una radicalmente distinta entre sí. La única constante en ellos es que la banda jamás volvió al rock tradicional de sus primeros dos trabajos.

Lo anterior queda corroborado con un disco como A Moon Shaped Pool, lanzado apenas hace unas semanas y que una vez más ha logrado cautivar a propios y extraños; algo digno de celebrarse en una época en la que los lanzamientos discográficos de verdad sorprendentes son tan escasos.

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