La noche que Bob Dylan “electrificó a la mitad de la audiencia y electrocutó a la otra”

Bob Dylan
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A inicios de la década de los 60, Bob Dylan se había convertido en el cantautor de folk más importante de Norteamérica. Su música y poesía era más que respetada dentro del muy conservador circuito de la música folk y era considerado el vocero de su generación, título con el que nunca estuvo a gusto del todo.

Sus primeros tres trabajos discográficos, Bob Dylan (1962), The Freewheelin’ Bob Dylan (1963) y The Times They Are a-Changin’ (1964), le valieron una fiel base de seguidores que sentía una fuerte identificación con sus letras y un gran respeto por el propio Dylan, a pesar de la corta edad del nativo de Minnessota.

Sus canciones de protesta, portadoras de un claro mensaje de inconformidad política y desencanto social, se volvieron incómodas para el régimen estadounidense y sus cúpulas de poder. Ello se debía a que Dylan hizo que su público comenzara a plantearse muchas preguntas acerca de las cuestionables decisiones de sus gobernantes y autoridades.

“Blowin’ In The Wind”, “Masters of War”, “A Hard Rain’s a-Gonna Fall” entre otras, fueron composiciones por completo acústicas y simples en lo musical, pero demostraron ser líricamente complejas, desafiantes, y rebasaban lo puramente estético: exploraban, desde la perspectiva de la clase obrera, los terrenos sociopolíticos en los que la música popular de ese tiempo temía incursionar.

Bob Dylan 1964

Temas como el desarme nuclear, las protestas contra la Guerra de Vietnam y la lucha por los derechos civiles, eran tópicos que Dylan abordaba de frente en sus canciones, haciendo referencia a nombres, apellidos y eventos concretos, sin eufemismos de por medio.

Pero dentro de los planes de Robert Allen Zimmerman no figuraba la idea de quedarse inmóvil con esta propuesta musical para toda su carrera. En 1965 grabó y publicó Bringing It All Back Home, una de las piedras angulares de la discografía dylaniana y una de las obras musicales más influyentes de su tiempo.

Lo que diferenciaba este trabajo respecto a sus predecesores inmediatos es que el cantante se acompañó, por primera vez, de una banda de apoyo que empleaba los instrumentos típicos de una banda de rock & roll: batería, teclados, bajo y guitarra eléctrica.

Fue un drástico punto de quiebre respecto a sus raíces folk cimentadas exclusivamente en guitarra acústica y armónica. Dylan se había electrificado.

Hubo quienes lo acusaron de haber sido devorado por la industria de la música popular, de haberse vendido. Muchos de sus más férreos seguidores consideraron este cambio un gesto banal y se sintieron traicionados y hasta ofendidos por su hasta entonces ídolo. Consideraban que había perdido toda credibilidad e integridad artística.

Bob Dylan en Newport, 25 de julio de 1965

Para entonces, el rock & roll y los instrumentos eléctricos era considerados una simple moda pasajera en comparación a la música folk, poseedora de un extenso trasfondo histórico.

Bajo este contexto es que, el 25 de julio de 1965, se llevó a cabo uno de los recitales más célebres y polémicos en la carrera de Dylan, sino es que el más: su presentación en el festival de folk en Newport.

Luego de las presentaciones de Cousin Emmy y los Georgia Sea Island Singers, dos actos de folk puro y tradicional, aquella noche Bob subió al escenario en jeans y chaqueta de cuero negros, con una Fender Stratocaster en lugar de su inseparable guitarra acústica: el arquetipo de la estrella de rock. Hoy podría parecer un detalle insignificante, pero en ese momento aquello representó una ofensa imperdonable para sus seguidores más conservadores, una herejía.

Desde que la banda comenzó a afinar sus instrumentos y luego a tocar, el público estalló en una mezcla de abucheos y aplausos. Tampoco ayudó mucho que el set haya consistido en apenas unas pocas canciones. Al final se dijo que esa noche Dylan había “electrificado a la mitad de la audiencia y electrocutado a la otra”.

Posteriormente, en su gira 1965-1966, las opiniones siguieron polarizadas respecto al importante cambio musical de Dylan, hecho que se vio reforzado por el hecho de que el músico dividía sus presentaciones en dos partes: un primer segmento de folk y una segunda mitad de rock con instrumentos eléctricos.

Durante una presentación en Manchester, en el interludio del final de una canción y el inicio de otra, ocurrió uno de los incidentes más célebres en los anales de la historia del rock: desde el anonimato de la muchedumbre, un espectador proliferó hacia Dylan un sonoro “¡Judas!”.

El cantante, visiblemente molesto, se limito a contestar: “I don’t believe you… you’re a liar” (“No te creo; eres un mentiroso”). Acto seguido, dio instrucción a su banda de “tocar jodidamente fuerte” (“Play it fucking loud!”) la emblemática “Like a Rolling Stone”, con todo su poderío interpretativo.

La transformación le costó algunos cientos de seguidores, pero en cambio le valió otros miles, que después se volvieron millones.

El tiempo le daría la razón y aquello fue sólo el inicio de una brillante trayectoria artística y un legado musical de valor incalculable.

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