¿Por qué Mr. Robot es la serie de hackers que no te puedes perder?

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El piloto de la serie dejó maravillado a medio mundo y pinta para ser algo grande Preparándonos para ver el segundo episodio después de quedar completamente maravillados por el piloto, quisimos hacer aquí un breve comentario sobre lo que nos pareció el sorpresivo inicio de esta serie. Así que les proponemos una lista de cinco razones por las que no deben dejar de seguir esta increíble nueva propuesta. Ojalá logremos capturar la esencia increíblemente geekera y original de esta serie para comentarla con los que ya la vieron e intrigar a los que todavía no le hincan diente.

Un estreno para geeks y latinos

Me-Robot-1 Mr. Robot es el último intento que ha hecho la cadena USA (White Collar, Burn Notice) por entrar por la puerta grande a la competida red de televisoras americanas. Porque éste no es nada más de un programa de temática geek que quiere demostrar la originalidad de su contenido, sino que es un producto muy específico, filmado de forma completamente cuidadosa para cautivar el ojo disperso del televisor y la atención enfocada del crítico. Es por eso que USA desplegó un aparato enorme de distribución para esta serie con la voluntad abierta de no quedarse opacado por Netflix o que no le sucediera lo de Game of Thrones, hace unos meses, cuando se filtraron cuatro episodios previo a su estreno televisivo. El primer estreno de Mr. Robot fue en el festival de SXSW (en donde se llevó el premio del público) para después estrenarse simultáneamente en una cantidad impresionante de servicios digitales de streaming (Hulu, iTunes, YouTube, Google Play, en la app de USA Now, en USANetwork.com, Amazon Instant Video, Vudu, Xbox Video, Twitch, PlayStation Video, IMDB, EW.com, THR.com, TheVerge.com, Telemundo.com, Terra.com, Latina.com y 22 sitios de Crave Online). Además, se podía ver el episodio, desde su estreno, con subtítulos al español (y todavía le pueden echar ojo así en la página de la televisora). El asunto es que la cadena quiso privilegiar a la audiencia en Internet desde el 24 de mayo (casi un mes antes de su estreno por televisión) y mostrar su particular interés porque también llegara el programa a una amplia audiencia latina en un país que muchas veces no la toma en cuenta. De ahí que se escogieran sitios como Terra, Latina.com o Telemundo para las primeras transmisiones. Con esto, aún antes de saber el contenido del programa, se puede observar la clara intención de conectar con una audiencia amplia, incluyente, joven y particularmente proclive a las temáticas geek; digo, no todos los estrenos por streaming consideran plenamente a la audiencia que ve programas por Twitch o PlayStation Video…

Un reinvención del mito del superhéroe

Me-Robot-3 Mr. Robot es la historia de un técnico en seguridad computacional que, debido al malestar constante que le causa la sociedad podrida en la que vive, decide convertirse en un hacker vigilante por las noches. ¿Qué hace como vigilante cibernético? Bueno, los que vieron el increíble primer preview de la serie saben muy bien de lo que va el asunto: desenmascarar redes de pedofilia, atacar conglomerados maléficos o salvar de acosadores a personas comunes que considera del lado de la bondad agotada del mundo. Pero todo comienza a cambiar para Elliot Alderson cuando recibe un inesperado mensaje de un hombre al que sólo lo identifica una chamarra con un misterioso logo: “Mr. Robot, Reparamos su computadora con una sonrisa”. De ahí se desencadenarán una serie de eventos que lo irán llevando a decisiones difíciles y a confrontarse con una conspiración masiva de hombres encumbrados que secretamente dirigen al mundo. La premisa, que es sorprendentemente sencilla pero que no carece de originalidad, nos recuerda fuertemente sus influencias principales. Porque aquí tenemos toda la dinámica del superhéroe clásico: un hombre en apariencia común dotado de poderes extraordinarios que debe mantener una identidad secreta para seguir con su labor de vigilante. Y ahí también encontramos la figura de la amiga de infancia de la que está secretamente enamorado el héroe y que aquí, también, resulta ser su colega en el trabajo (algo así como una síntesis de Gwen Stacy, Iris West, Lois Lane y Karen Page). Alrededor de este interés romántico, como hemos visto con muchos superhéroes, girarán sus problemas personales, laborales y, cada vez más, su implicación con peligrosas aventuras. También, como reflejo de su esencia de superhéroe, encontramos la figura paterna protectora (que hemos visto variar desde Alfred, hasta el Tio Ben, pasando por Stick) que aquí es encarnada por un carismático Cristian Slater. Además, no puede faltar la corporación maligna contra la que se enfrenta constantemente el héroe y que aquí, sin muchos rodeos, es llamada por Elliot como “Evil corp”. Entre todo el poder omnipresente de esta corporación maligna encontramos las figuras más precisas de los diferentes villanos: están los pequeños seres malvados y minúsculos que va derrumbando el héroe, están los villanos más comunes, grandes pero no invencibles, y está la figura del némesis, aquél que puede igualar o superar en habilidad al héroe; aquél personaje misterioso interpretado maravillosamente por Martin Wallström con esa mirada de tranquilidad maquiavélica y que, al final del piloto, vemos como una clara amenaza de amaneramiento adecuado con saludos en francés y poderes insospechados.

Un Neo realista

Me-Robot-5 Pero toda esta similitud con la temática del superhéroe no le quita nada de realismo a la serie. Elliot sospecha que hay algo completamente trastornado con el mundo en que vivimos; un mundo de relaciones falsas, de anestesia social y de consumo irracional que, con nuestra apatía, acaba dando todo el poder a las corporaciones que se enriquecen a través de nuestra pequeña satisfacción del ego (Facebook), de nuestra incomprensión del mundo virtual (Google) o de nuestra necesidad de pequeñas comodidades superfluas (Amazon). Y lo que quiere Elliot, lo que secretamente busca, es el despertar de todos, la lucha por salvarnos del aislamiento, la apatía y la soledad. El problema es que no sabe cómo encaminar este despertar, ni cómo atacar a los que secretamente gobiernan al mundo. ¿Dónde se esconden? ¿Cómo operan? ¿Qué hilos secretos mueven sin que lo sospechemos? Y en toda esta dinámica vemos la reinvención de la temática de Matrix en un marco de realidad contemporánea. Porque, como en la querida película de los Wachowski, el personaje de Cristian Slater le propone a Elliot un despertar, una salida de la prisión en la que vive. Y esta prisión se parece profundamente a la de Thomas Anderson, una prisión echa de paredes de cubículo, recreación Godínez, camisas grises y pequeñas tarjetas de identificación; una prisión en la que nos catalogan por números, en la que exigen un cierto comportamiento, en la que se gesta la normalidad. Nadie sospecha de las aventuras cibernéticas de Thomas Anderson que se convierte en Neo en sus noches de desvelo, como nadie sospecha de las actividades de vigilante de Elliot. Y a través de hurgar con sus habilidades únicas, a través de buscar más al fondo del hoyo de conejo, acaban encontrando a un mentor que los llevará a descubrir los hilos que mueven secretamente al mundo. Lo que sí es que, a diferencia de Matrix, esta serie quiere anclarse fuertemente en la realidad y no en la ciencia ficción especulativa. Aquí se trata de mostrar el trabajo real de un ingeniero en sistemas para una corporación de seguridad digital y de retratar, con el mayor realismo posible, el despliegue de habilidades de un hacker. Por todos lados encontramos entonces la jerga técnica en discusiones sobre Tor, Gnome o Linux; en las increíbles escenas dentro de una granja de servidores en Dulles; en las capturas de pantalla que dejan atrás las animaciones en tercera dimensión (tipo Hackers, Johnny Mnemonic o War Games) para enfocarse en la escritura de código sin añadidos superfluos. Y uno de los grandes logros de la serie es que, a pesar de su realismo no decorado, a pesar de todo el aspecto profundamente técnico del mundo que representa, el espectador no deja de sentir la tensión y el suspenso. Aquí vemos que la edición maravillosamente cuidada del piloto rinde frutos, junto con una investigación concienzuda de la realidad de los sombreros negros. Porque no se pinta al hacker como un ser todopoderoso que puede controlar los semáforos desde su celular (Die Hard 4.0) o hacer todo lo que se le antoje desde una terminal remota. No, aquí el hacker se aplica en todas las formas de ingeniería social típicas de la seguridad informática (pedir información directa, manipular distintos medios presenciales y confrontar a usuarios legítimos para obtener sus números celulares y, de ahí, sus contraseñas) además de desplegar un amplio sentido intuitivo, una vez hackeado el blanco, para buscar lo peor esperando lo mejor de cada uno.

 Las referencias directas

Me-Robot-2 Como buena serie geek, el primer episodio de Mr. Robot tiene varias referencias coquetas. Estas referencias, a pesar de parecer detalles insignificantes, se unen al tejido de la historia con singular aplomo e inteligencia. Aquí les proponemos algunas, ya dirán ustedes si vieron otras. La primera y más evidente referencia es la de la película favorita de Elliot, una película que le gusta volver a ver continuamente en una relajada pacheca con su amiga de infancia Angela. Se trata de la segunda parte de Back to the Future, la clásica película que hizo Robert Zemekis allá por el final de los ochenta. Lo interesante de esta referencia es que, claro, el futuro que presencian Marty y Doc se acerca constantemente al nuestro: la fecha a la que viajan estos dos personajes entrañables es, como bien saben, el 21 de octubre de 2015. Pero nada del futuro que presencian Doc y Marty se parece, de hecho, a lo que estamos viviendo ahora. No tenemos control del clima (más bien lo seguimos destruyendo), no hemos encontrado la producción masiva de energías sustentables en la fusión nuclear generalizada (más bien seguimos con las guerras del petróleo), no tenemos patinetas que vuelan (sino que seguimos atropellando ciclistas) y no han desaparecido los abogados (la aplicación de la ley es incluso más compleja, controvertida, y los tiburones legales se enriquecen como nunca). La imagen de Elliot, que encuentra un momento de relajación frente a su atormentada existencia en esta sociedad, no podría ser más perfecta que con Back to the Future II, una película que, a pesar de la oscuridad familiar a la que siempre regresa, prometía un colorido futuro para el año en que vivimos. Muchas recreaciones humanas del futuro han sido esperanzadoras –incluso en la devastación- y el optimismo de los años ochenta no es lo mismo que nuestra visión oscura de un futuro que se ve cada día más incierto. La referencia a la película de Zemekis nos muestra, en espejo, la desesperanza de Elliot frente a una sociedad que empleó todos sus medios tecnológicos para los fines más inmediatos, para su mismo ensimismamiento apático, para ceder el control a las corporaciones más perversas. Otra referencia interesante se encuentra también en la vida personal de Elliot. En la secuencia en que regresa a su casa y se tira desconsoladamente a llorar antes de admitir su inclinación por esos necesarios 30 gramos de morfina diarios, Elliot menciona a su único compañero, un pez encerrado en una pecera minúscula y llamado Qwerty. El nombre, evidentemente, no podía ser más geek. La referencia es al tipo de teclado que utilizamos actualmente en la gran mayoría de las computadoras (con algunas excepciones locales) y a las primeras cinco letras que lo constituyen. Al llamar a su pez Qwerty, Elliot no está nada más mostrando su inclinación por los teclados como técnico y hacker sino que está nombrando, con una configuración de teclas, a la única compañía que tiene en el mundo. Me-Robot-6 Como Qwerty, Elliot se siente atrapado en una pequeña pecera, nadando en círculos, sin escape, esperando el alimento de una mano salvadora que lo venga a rescatar. Como pez, Qwerty es la compañía más silenciosa, la más reducida, la más discreta: la soledad de Elliot se intensifica por el mutismo de su único compañero. Al mismo tiempo, no puede permitirse otra compañía, entre su teclado y su pez hay una relación intensa que significa la ilegalidad de sus prácticas: los únicos amigos reales que puede tener, los únicos que pueden saber sus secretos son el teclado de su computadora y el compañero para siempre mudo que, nadando, calla todos los secretos. Finalmente, al final del episodio encontramos una referencia maravillosa que adecua con sutil inteligencia la trama del piloto con el soundtrack. En el momento de indecisión en que Elliot está considerando si entregar el folder blanco o el folder azul, si destruir a Mr. Robot o unirse a sus filas de sombreros negros, empieza a sonar en el fondo la versión de la enorme canción de Jacques Brel, Ne Me Quites Pas (No Me Dejes) interpretada porNeil Diamond en inglés. Es una canción terriblemente triste en la que un hombre explica lo que le sucederá cuando lo deje su amada, es una canción que, como dijo Brel, habla de la enorme cobardía masculina que no puede soportar la soledad. La elección de canción es particularmente afortunada para un momento en el que Elliot está considerando atacar una corporación masiva para borrar la deuda crediticia de todo el mundo. Se puede pensar que lo que se irá será la deuda, dejando un mundo de nuevo lleno de esperanza… pero esto no tiene mucho sentido. Más bien, es la consideración del valor propio frente a la opción de desarraigarse de todas las comodidades modernas, de reconstruir al mundo según nuevos preceptos, de aceptar un futuro tal vez más solitario, tal vez más gris, pero más justo. Es la idea de la inevitabilidad de la caída de un sistema opresor y del miedo a afrontarla, de la lucha contra la soledad y de la empatía por la mujer amada que es lo que finalmente hace que Elliot se decida por el combate en las filas de Mr. Robot.

Una visión impecable de la paranoia moderna

Me-Robot-4 El primer episodio de Mr. Robot se llama “Hola amigo” por la primera frase que pronuncia Elliot en la pantalla todavía ennegrecida. El personaje nos está hablando directamente, narrando su historia como un desapercibido flujo de consciencia que podemos escuchar durante todo el episodio. Pero este no es un flujo de consciencia fabricado, como si pudiéramos simplemente escuchar los pensamientos del personaje. No, es una interpelación directa: Elliot construye una entidad imaginaria a la cual hablarle, con la cual interactuar en su soledad. Y decide que este “amigo” será otro que Qwerty, será un personaje inventado en su cabeza, alguien que puede ver todo lo que él ve, que escucha sus pensamientos y que lo acompaña en su día a día. Y este personaje somos nosotros, los telespectadores pasivos que testifican lo que sucede con Elliot según la narración interna de su mente. Es por eso que de pronto escuchamos lo que él escucha, que vemos sólo lo que él ve: siempre oímos “Evil Corp” cuando habla alguien de “E Corp”, lo vemos escrito en todas partes, aunque en realidad esto sólo esté en la cabeza del protagonista; dejamos de oír a los demás cuando Elliot comienza a pensar en otra cosa; vemos, con una edición maravillosa, las imágenes que le evoca la sociedad moderna en su ensoñación despierta; observamos, incluso, como modifica las propagandas de películas en el metro que de repente se substituyen por frases atormentadas como “Los villanos: el mal siempre vencerá”… Este guión increíblemente original nos muestra que la paranoia de Elliot va mucho más allá de lo que el personaje sospecha. Al hablarle directamente al espectador como un personaje inventado, un “amigo”, dentro de su cabeza, el héroe no se da cuenta de que es en realidad un personaje de ficción y de que se está dirigiendo a un público que lo observa y que comparte con él emociones y suspensos. Esta forma de señalar la irrealidad de la ficción que transcurre ante nuestros ojos acrecienta la sensación de angustia de un personaje que se siente constantemente observado, que cree que lo persiguen, que no se da cuenta, finalmente, que estamos espiando sus pensamientos. Como bien dijo Phillip K. Dick en su maravillosa novela sobre la paranoia de los años setenta, A Scanner Darkly:

“Algunas personas pueden darse cuenta cuando están siendo observadas. Un sexto sentido. No tanto paranoia, sino un instinto primitivo: lo que un ratón tiene, o cualquier cosa que está siendo cazada. Saben que los están acechando. Lo sienten.”

Y Elliot sabe que lo están acechando pero nunca puede distinguir entre la realidad de sus sospechas y las trampas que le tiende su atormentado cerebro. Siempre dudando entre la realidad y su imaginación, entre el riesgo de perderse en sueños de morfina y vivencias, entre una esquizofrenia latente y las cosas extraordinarias que comienzan a suceder, la historia de Elliot es la historia contemporánea de los complots y de la paranoia común. Siempre cómodos con nuestros nuevos medios de información pero siempre dudando de su procedencia y de la manipulación a la que están sujetos, vivimos constantemente soñando con conspiraciones y teorías de complot. La más grande, claro, la más latente, es una que bien podría ser realidad: los encumbrados del poder monetario manejan estrechamente nuestras vidas sin que jamás seamos más que un número para ellos; todos los cambios en el mundo, todas las innovaciones, todas las medicinas que podemos comprar y las comodidades que creemos necesitar no son más que un engranaje más en una compleja red de manipulaciones para mantenernos dormidos y complacientes. Como pueden ver, The Matrix no está tan lejos. Me-Robot-7 Pero aquí resulta otra cosa, un giro en la trama, que ya había previsto K. Dick en la novela que acabamos de citar: “es extraño cómo la paranoia puede juntarse con la realidad de repente, brevemente.” Porque poco a poco vamos descubriendo, junto con Elliot, que todo lo que consideró como paranoia y locura tiene un trasfondo de realidad y que él mismo es parte integral, desde que acepta entregar el folder azul, de una revolución enorme, viva y peligrosa que busca derrumbar el orden financiero del mundo. Un poco como el sueño de redistribución de la riqueza de Tyler Durden en Fight Club pero con mucho menos violencia física, Elliot no tiene por qué destruir centrales bancarias: sólo necesita adentrarse, un tecleo a la vez, en sus redes de control virtual. Porque el dinero ya es tan intangible como las personas que lo controlan. Y de ahí que veamos la representación de los poderosos secretos, de la sociedad anónima que controla al mundo, como una imagen siempre borrosa de trajes y miradas fijas: nunca podremos reconocerlos porque no existen; como nuestras cuentas de banco, son representaciones virtuales del poder… y no por eso son menos poderosas. Finalmente, Mr. Robot no es nada más una serie de temática geek sino que es un experimento muy original que traza relaciones cercanas con la ciencia ficción en sus descripciones de la paranoia moderna. El miedo de Elliot es el miedo de cualquiera que se arriesga en los patios traseros del Internet, de cualquiera que juega al Snowden o al Assange, que pelea como Aaron Swartz, del revolucionario anónimo de lo digital que puede ser levantado, en pleno día, con la complicidad de la policía, en medio de un Times Square atiborrado de pasantes ingenuos. Elliot es entonces el superhéroe vengador que viene a salvarnos, con el buen paternalismo de un ser superior, de nuestra ingenuidad contemporánea. Mientras lo logra en su mundo de ficción espiada, nosotros lo seguiremos ávidamente, buscando en sus vivencias más reflexiones paranoicas sobre nuestra torcida realidad.   Fuente: Código Espagueti

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