El caso documentado del hombre que nombró a su hijo Goku

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En las últimas décadas se ha vuelto común que algunos padres decidan bautizar a sus hijos con nombres de personajes populares de series y películas que estén de moda en ese momento. Hemos visto de todo: Luke, Leia, Han, Brandon, Brenda, Dylan, Khaleesi, Bruno, Clark, Peter, etc.

Este fenómeno también se extiende hasta las caricaturas más populares. Dragon Ball, por ejemplo, inspiró a Juan Carlos y Pilar, una pareja española, a nombrar a su hijo Goku.

En un principio, consideraron llamarlo como sus padres o simplemente usar un nombre común. Pero, por su puesto, la historia fue otra.

“¿Cómo de terrible sería llamarle Goku? Fui fan de Dragon Ball de pequeño, pero lo justo. No tengo cómics ni muñecos ni pósters ni colecciono artículos de la serie. El nombre de Goku me parecía bonito. De la serie ningún otro nombre me llamaba la atención; no eran serios. Y el personaje de Goku tiene muy buenas cualidades: guerrero, incansable, disfruta en todo momento pese a las adversidades y es siempre feliz, ignorando lo que opinen los demás.

Después de un año barajando muchos nombres, nos dimos cuenta de que inconscientemente le estábamos llamando Goku ya. Y nos parecía el nombre más bonito de todos. Era original y diferente. El segundo nombre, Ceferino, es por el padre de mi mujer, que lamentablemente nos dejó hace diez años sin yo llegar a conocerlo. Queríamos rendirle ese homenaje, aunque solo fuera en el papel. En la práctica lo llamaremos Goku Expósito García.

Naturalmente, no esperamos que el nombre le guste a todo el mundo; en todos los grupos encontramos admiradores y detractores. Con que nos guste a nosotros ya es suficiente y lo que opinen los demás no es algo que tengamos en cuenta en la decisión. La familia durante el embarazo ya lo llamaban Goku, y los amigos en los últimos meses nos han estado regalando ropa, pasteles o juguetes relacionados con Dragon Ball.

La primera vez que preguntamos al registro nos respondieron con un “no aceptamos nombres peyorativos”. Esto nos llevó a pensar que no se habían tomado nuestra petición en serio, así que volvimos a preguntar. En la segunda ocasión lo aceptaron sin ningún inconveniente. Lo mismo ha sucedido en la iglesia donde lo bautizaremos algún día. En el hospital también lo aceptaron; de vez en cuando alguien preguntaba si era un nombre vasco. A pesar de que ni iglesia ni otros organismos oficiales pusieron pegas al nombre, Facebook sí que lo hizo. No nos dejaron abrir cuenta con ese nombre, y nos pidieron para hacerlo un documento oficial para poder hacerlo, así que enviamos el libro de familia.

Aunque para nuestra generación el nombre está asociado al anime, pensábamos que nadie en el colegio iba a conocer a Goku o Dragon Ball porque es una serie que cada vez se emite menos, o ni se emite en algunas comunidades. Estábamos seguros de que los padres de los amigos de Goku sí la conocerían, y nos divertimos imaginando situaciones futuras. La casualidad ha querido que, tras 20 años sin escribir ni una frase más sobre Dragon Ball, el autor original recientemente ha decidido continuar la serie donde la dejó [con la nueva saga Dragon Ball Super]. Para cuando Goku vaya al cole, la serie habrá llegado a España y todos los niños del colegio sabrán que existe un personaje de dibujos con ese nombre.

Por supuesto, mucha gente nos ha preguntado si no tenemos miedo de que el niño sufra alguna burla o se metan con él por lo diferente de su nombre. Pero hemos hecho los deberes: hemos preguntado a gente con hijos, sin hijos, a profesores, a nuestros mejores amigos, y hemos sopesado los pros y los contras. Los hijos de alguien cercano se llaman Han y Luke. Otro amigo llamó a su hijo Neo, que me encanta. Al hablar con el padre nos contó que su hijo está muy feliz con su nombre, porque ningún otro niño lo tiene y le gusta mucho, se siente único.

En realidad, en el colegio, instituto, universidad o en la vida laboral todo el mundo te etiqueta por cualquier cosa en la que destaques: “el listo”, “el pelota”, “el gafotas”… Creemos que eso ha existido siempre y seguirá así. Es inevitable y pasa a todos. Igualmente al final se acaba superando. Lo tuvimos en cuenta y pensamos en otros posibles problemas. Nos preocupará cuando algún día vuelva de clase diciendo que alguien se metió con él por su nombre, puesto que la decisión fue nuestra. Así que vamos a esforzarnos por darle tanta autoestima y confianza en sí mismo como tienen sus padres ahora”.

Publicado originalmente en Verne / El País

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