Acerca de la necesaria y polémica transformación de Metallica

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Si hay una agrupación a la que el rock duro le debe mucho, esa es Metallica. Idolatrados por muchos, aborrecidos por otros tantos, hay un mérito que no se le puede negar al grupo originalmente conformado por James Hetfield, Kirk Hammett, Cliff Burton y Lars Ulrich: haber llevado a las masas un género musical de nicho como lo era el heavy metal.

Pero para llegar a ese punto la banda tuvo que experimentar, por voluntad propia y por cuestiones más allá de su control, diversas transformaciones que le dieron la forma y la relevancia que conserva hoy en día.

El pasado de un coloso del metal

Con raíces afincadas en el punk más salvaje, el rock garagero y el heavy metal británico, Metallica confeccionó entre 1983 y 1986 tres trabajos que hasta la fecha guardan el estatus de imprescindibles dentro del llamado thrash metal: Kill Em’ All, Ride the Lightning y Master of Puppets.

Con un sonido crudo y directo, aunque no peleado con la complejidad musical y la creatividad, dichos trabajos fueron ampliamente alabados por un nutrido grupo de seguidores que aceptaban sin tapujos su condición de fanáticos de la banda. Y no era para menos: fueron discos innovadores, sin fisuras y verdaderas cátedras del rock más visceral.

En 1986, luego de un fatal accidente, el grupo perdió a uno de sus principales bastiones creativos: el bajista Cliff Burton, cuya muerte cimbró la existencia del cuarteto californiano y puso en entredicho la continuidad del mismo.

Ese mismo año, Jason Newsteed se unió a las filas de Metallica para reemplazar a Burton en las cuatro cuerdas, lo que representó el primer gran cambio en el sonido del grupo.

En 1988 grabaron …And Justice For All, el que hasta entonces y hasta la fecha es el trabajo musicalmente más ambicioso del conjunto.

El álbum estaba conformado por canciones aún más largas y complejas, algunas de ellas casi imposibles de reproducir en vivo debido a lo demandante que resultaban para sus propios compositores.

La solvencia interpretativa que los cuatro músicos exhibían en este trabajo rayaba en el virtuosismo, con un sonido aún más brutal que sus anteriores grabaciones. En consecuencia, notaron que su público se sentía cada vez menos identificado con su música, aunque hubo quienes pudieron haber vivido con más discos como éste por toda la eternidad.

En ese punto, Metallica llegó a una difícil encrucijada: seguir por la senda hasta entonces explorada y continuar con la casi ridícula complejidad musical alcanzada, o simplificar su propuesta en pos de un sonido más accesible para otro tipo de públicos. El verdadero gran cambio de Metallica aún estaba por venir.

El amado y odiado Álbum Negro

Metallica Black Album

A pesar de la gran aceptación que los discos de Metallica tuvieron, no habían podido llegar más allá de la fiel audiencia que los había seguido desde sus inicios, muchos de ellos personas con gustos heavymetaleros ortodoxos y hasta intolerantes hacia otras formas de música.

Fue así que para su quinto larga duración, titulado simplemente Metallica y conocido como el Álbum Negro, la banda se alejó del sonido que ellos mismos habían creado. Luego de las extensas, costosas y agotadoras sesiones de grabación con el meticuloso productor Bob Rock, en 1991 la banda dio a luz a un racimo de canciones más cortas y con ritmos mucho más lentos en comparación al resto de su repertorio.

Para entonces, la tendencia musical reinante en Norteamérica era el rock alternativo y el grunge, por lo que este Álbum Negro tuvo más en común con Soundgarden y Guns N’ Roses que con los álbumes previos de Metallica.

Algunas de sus canciones más melódicas, como “Enter Sandman”, “Nothing Else Matters” y “The Unforgiven”, se volvieron clásicos instantáneos entre audiencias no necesariamente afines al heavy metal.

Mucho ayudó que las canciones eran infinitamente más pulcras en cuanto a producción de estudio y presentaban estructuras propias de una canción pop.

El disco se vendió en cantidades brutales: 650 mil unidades en su primera semana y 30 millones hasta ahora. Ha sido disco platino 16 veces y se mantuvo 363 semanas en el top 200 del Billboard estadounidense.

Caso similar al de Bob Dylan y su incursión en el rock y los instrumentos eléctricos, esta transformación de Metallica fue considerada casi un sacrilegio por muchos de sus seguidores más férreos. Juraban que se habían vendido y que MTV se había vuelto el Master of Puppets del grupo. Es algo que, hasta la fecha, muchos de sus ex seguidores no les perdonan.

La etapa experimental y el presente de Metallica

Metallica short hair 2

El escándalo fue aún mayor cuando la banda cambió de imagen para su siguiente trabajo, Load (1996), en el que, oh sorpresa, todos sus integrantes decidieron lucir el cabello corto y deshacerse de sus emblemáticas melenas.

El grupo continuó experimentando con su sonido e imagen en sus siguientes grabaciones, ReLoad (1997) Garage Inc. (1998) y St. Anger (2003), aunque nunca con el mismo éxito que con su afamado Álbum Negro.

No fue sino hasta el año 2008 que volvieron a sus raíces thrash metal con el estupendo Death Magnetic, que con la madurez y experiencia adquirida a lo largo de toda su carrera exhibió de nuevo el lado más visceral del grupo y todo su poderío interpretativo.

Su más reciente producción, Hardwired… to Self-Destruct, tuvo un recibimiento muy entusiasta por parte de la crítica y fans. Es un gran regreso en forma luego de casi una década de silencio discográfico, un álbum doble que nuevamente explora las raíces de la banda pero interpretado con la experiencia de más de 35 años de trayectoria musical.

A pesar de la edad, la banda sigue exhibiendo una gran condición física con impresionantes setlists y canciones técnicamente muy demandantes. El cuarteto no da señales de detenerse pronto, y lo más probable es que tengamos Metallica para largo rato.

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