Radiografía de una canción: Where The Streets Have No Name

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El acto es ya bien conocido: una muralla coral de sintetizadores —que irradia y anuncia a gritos el sello característico del legendario músico y productor Brian Eno— se eleva hasta alturas insospechadas. Parece advertir que algo grande está por suceder. Y sucede.

The Edge irrumpe con un intrincado arpeggio de guitarra. Irreproducible. Sus manos son las únicas capaces de tocarlo de esa manera.

El guitarrista siempre apostó más por estructuras atmosféricas y evocadoras que por riffs bombásticos y pegadores. El suyo es un lenguaje musical propio y “Where the Streets Have No Name” es el ejemplo más claro.

Los diferentes significados de pobreza

En Occidente tenemos la horrenda costumbre de asumir el estatus económico y hasta las creencias religiosas de una persona con el solo hecho de que nos mencione en qué calle habita. Bono se dio cuenta de esto y de lo que ello implica durante su primer viaje a Etiopía. Ahí fue testigo presencial de la pobreza más extrema: la miseria material de Etiopía en contraste con la pobreza moral de países económicamente más afortunados.

En esa región africana, las calles, efectivamente, carecen de nombre. Y en la canción que inspiró esta travesía, Bono canta con una pasión inaudita acerca de este lugar mágico y hermoso, casi como describiendo una experiencia onírica que lo marcó para siempre.

Tal es el recibimiento de The Joshua Tree, quinto opus de U2 y el que demostraba hasta entonces su mayor grado de madurez musical. Congruente con lo hecho hasta entonces por la banda, pero a la vez vanguardista y sofisticado, era la evolución natural de un trabajo tan bueno como lo había sido The Unforgettable Fire.

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“Kill Bono”

Al momento en que fue publicada esta pieza, U2 era ya una de las bandas más populares del planeta (si no es que la más). El cuarteto afirmaba que su intención no era salvar a la humanidad, sino sólo provocar entre su público reflexiones más profundas acerca de lo que sucedía en el mundo.

Su número de detractores era casi tan grande como sus simpatizantes —cosa que se mantiene igual hasta nuestros días—. En algunas ciudades californianas, por ejemplo, había letreros con la leyenda “Kill Bono”. Mas el grupo se mantuvo apegado su discurso.

Luego de una exhaustiva gira de cincuenta fechas, la banda grabó el video de “Where the Streets Have No Name”. En claro homenaje a los Beatles, Bono y compañía subieron a la azotea del Million Dollar Hotel, en Los Angeles. Ahí arriba comenzaron a tocar y una multitud de curiosos pronto se acercó a ver lo que sucedía. Un día ordinario dejó de serlo.

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La policía tuvo que acudir a interrumpir el numerito desenchufando los instrumentos del grupo mientras las cámaras lo registraban todo.

¿Fue de verdad algo improvisado o una audaz maniobra mercadotécnica? Quizá un poco de ambos. Resulta que antes del incidente —por así llamarlo—, se había corrido la voz intencionalmente sobre lo que iba a ocurrir más tarde en el techo del inmueble. Ser arrestados era parte del plan. La multitud terminó abucheando a los cuerpos policiales.

El tema fue un éxito instantáneo. Escaló hasta el número 13 en las listas de popularidad de los Estados Unidos y al número 4 en Inglaterra.

A partir de entonces y hasta la fecha, “Where the Streets Have No Name” se mantiene como un número de ejecución obligada en los recitales de U2. Suele ser un momento culminante en cada concierto. Y no es para menos: la pieza es un auténtico himno. Por si fuera poco, el lado B del sencillo original incluía la no menos bella “The Sweetest Thing”.

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