Una canción para la gente común y la clase obrera: “Common People”, de Pulp

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El planteamiento es simple: un chico conoce a una chica. Ella proviene de una familia extranjera acomodada; nunca ha conocido la escasez. Él pertenece a la clase trabajadora de Sheffield, Inglaterra. Se gustan.

El encuentro es en realidad el choque de dos mundos. En virtud de que a ella nunca le ha hecho falta cosa alguna —económicamente hablando, al menos— quiere conocer cómo vive el individuo proletario promedio, la gente común. Él, por otro lado, solo quiere encamarla.

En el afán por experimentar de esta chica, Jarvis Cocker (“Common People” es un tema bastante autobiográfico) le advierte que no es tan sencillo ni tan divertido como podría parecer. Mejor que nadie sabe que no es lo mismo respirar las vicisitudes de la pobreza cada día de la vida, a toda hora y desde la cuna, que simularla por un momento, como suelen hacer los turistas cuando visitan alguna región “exótica”, a falta de un mejor eufemismo.

«Cause everybody hates a tourist
Especially one who thinks it’s all such a laugh»

En sus casi seis minutos de duración —cuatro en su versión editada—, la canción resume el sentir de un momento y una época muy concretos. El álbum de donde proviene, Different Class, es, de hecho, un puntual retrato de los toscos contrastes de las clases sociales británicas, que finalmente no son tan distintas a las de otras regiones del mundo.

Es un disco gobernado por el desencanto: historias de sueños frustrados, divorcios, infidelidades, vidas monótonas y relatos de amores lejanos de la infancia y adolescencia. La resignación y el más irónico sentido del humor parecen ser las únicas armas de Cocker.

«You will never understand
How it feels to live your life
with no meaning or control»

“Todo comenzó cuando me deshacía de un montón de discos en el Record and Tape Exchange en Notting Hill. Con el crédito de la tienda fui a la sección de instrumentos de segunda mano y compré un teclado Casio. Cuando compras un instrumento, corres a casa y quieres escribir una canción de inmediato. Así que regresé a mi apartamento y escribí la secuencia de acordes para ‘Common People’, lo cual no es un gran logro considerando que solo consta de tres acordes. Pensé que podía ser útil en nuestro próximo ensayo”, dijo Cocker para la revista Uncut en 2010.

“Steve [Macken, bajista] comenzó a reírse y dijo, ‘suena como ‘Fanfare for the Common Man’ [de Emerson, Lake & Palmer, conocidos por su alto virtuosismo técnico]. Siempre pensé que la palabra ‘Common’ [común] era una cosa interesante. En ‘Fanfare for the Common Man’ era usada como la idea de un noble salvaje, mientras que en Sheffield era un verdadero insulto llamar a alguien ‘común’.

“Esto desata memorias de una chica que conocí en la universidad. Ella quería ir y vivir en Hackney y estar con la gente común. Ella era de un entorno pudiente, y ahí estaba yo, explicándole que nunca funcionaría […] Una vez que tuve la narrativa en mi cabeza, fue muy fácil de escribir, letrísticamente”.

Al final la canción se resume a un dilema en alto grado irónico: el pobre aspira (y suspira) a ser rico. A la rica le gustaría saber qué se siente ser pobre. El supermercado es, entonces, un atinado símbolo en una historia en la que gran parte del conflicto recae en lo monetario y lo más mundano.

Suele pensar uno que el pasto es más verde del otro lado, que siempre puede estarse más a gusto en un escenario anhelado y distinto a la realidad inmediata. Y es esa incapacidad de hallar satisfacción, la disyuntiva entre la realidad y el deseo, la que funge a veces como un poderoso motor para la creación artística… y para la composición de grandes canciones.