Recordando el día que U2 ordenó pizza para miles de sus fans

Hace no mucho circularon por internet fotografías de los miembros de U2 ante unas apetitosas pizzas en Nueva York. Bono, The Edge y Adam Clayton acudieron al local Famous Ray’s Pizza, y causaron tal alboroto entre los fans y curiosos que la policía tuvo que escoltar a los músicos para protegerlos de la muchedumbre.

Las fotografías pronto se publicaron en diversos medios. La prensa y los internautas no tardaron en comentarlas con los más graciosos pies de foto: “Pizzarajevo”, “They found what they’re looking for”, “Pizz a Beautiful Day”, etc. Lo anterior nos recuerda, con cierta añoranza, la inusual relación entre U2, sus fans y la pizza.

Hace 25 años, los fans del cuarteto presenciaron uno de los episodios más extraños y geniales de la banda. Fue el 27 de marzo de 1992; U2 se presentó esa noche en Detroit, en el Palacio de Auburn Hills, un pabellón deportivo con capacidad para hasta 24 mil personas.

Ese día, el repartidor de pizzas Dave Williamson se presentó a trabajar creyendo que sería un día como cualquier otro. Su jefe le advirtió que un amigo suyo del Palace of Auburn Hills llamaría esa noche y pediría “un montón de pizzas”. Le pidió que tuviera 100 unidades listas para cuando llegara el momento.

Lo que Williamson no sospechó es que el llamado sería del vocalista de la banda más popular de ese momento. No se imaginaba tampoco que la llamada venía directamente del escenario del Palacio y que la estaban escuchando miles de personas en las bocinas del recinto. Pero no era en realidad Bono: se trataba de su inquieto y diabólico alter ego MacPhisto, que hizo de las suyas en el legendario Zoo TV Tour. Y no pedía 100 pizzas, sino 10 mil.

Por supuesto, el modesto local no podía abastecer semejante cantidad de pizzas, así que acordó llevar solo 100. Dave y otros dos empleados llenaron toda una camioneta con las cajas y partieron hacia el concierto.

Una vez ahí, los recibieron con un montón de carritos de supermercado, en los que descargaron todOs los alimentos. Luego, los condujeron por los largos pasillos del backstage. Los hicieron esperar junto al escenario unos minutos, por lo que podían escuchar los temas de U2 a todo volumen. Las bocinas estaban a unos metros y el sonido era ensordecedor. La música se detuvo y les dieron la orden: “OK, denle pizza a todos”.

Más que feliz, la audiencia estaba extasiada, según recuerda Williamson. No era solo el hecho de comer pizza gratis, sino de recibirla como forma de agradecimiento del grupo que estaba sobre el escenario. “Era un poco atemorizante estar ahí delante de 20 mil personas”, confesaría después el repartidor.

El cantante, cubierto en sudor y portando sus enormes gafas oscuras, bajó del escenario para saludarlo. “Hola, soy Bono”, le dijo, luego de estrecharle la mano. Acto seguido, tomó un pedazo de pizza y empezó a comer. Dave apenas tenía idea de lo que estaba sucediendo. Ni siquiera sabía quién era ese tal Bono. El público estaba enloquecido.

“Yo no escuchaba a U2 para entonces. De hecho, estaba algo molesto por que solo nos dieron 100 dólares de propina para los tres. Entramos en el auto y fuimos de vuelta al local. Yo tenía 38 años en ese momento. Entre las entregas de pizzas, escuché su música y me gustó. Ahora soy un fan. Los escucho bastante”, comentaría después Dave.

Algo similar pasó varios años después, luego de un ensayo de U2 en Turín, en 2010. Los cuatro músicos salieron a ofrecer pizza a seguidores suyos que habían acampado desde un día antes. El grupo había suspendido su gira 360º, pues Bono se había sometido a una operación en la espalda. Para ese concierto de regreso, había prometido canciones inéditas.

Pero el recuerdo de lo acontecido en aquel concierto de Detroit permanece no solo por lo curioso que resulta, sino por lo que representa. Entre 1992 y 1993, Bono tuvo la costumbre de hacer desde el escenario las llamadas telefónicas más inesperadas, y no solo a pizzerías.

Ya fuera como The Mirrorball Man o como MacPhisto, telefoneó ante miles de personas al ex presidente Bush padre, a las Naciones Unidas, a Salman Rushdie, a los servicios de hora y clima, a jefes de policía y a quien se dejara. Fue especialmente insistente con sus llamadas a la Casa Blanca. En otra ocasión, llamó a la reina Beatriz de los Países Bajos para preguntarle si le gustaba el rock and roll.

En esa gira en particular, Bono transmutó en un diablillo que molestaba a quienes creía pertinente hacerlo, en una revoltosa mosca con gafas enormes y una retórica contestataria. Es decir, el suyo era un discurso incómodo y politizado que hoy difícilmente podemos ver en los espectáculos musicales masivos y en la industria musical en general.

Referencias: U2start.com, El País, Detroit Free Press