“Heart of Glass”: el matrimonio entre el punk y la música disco

Heart of Glass

Una de las causas del surgimiento de la corriente punk fue el rechazo a la tendencia musical que predominaba en el gusto popular a mediados de los setentas: la música disco. Y muy curioso resulta que Blondie, uno de los más grandes exponentes del punk rock, convirtiera en éxito una canción que, lejos de renegar de aquél sonido bailable y de fácil escucha, retomaba justo esos ritmos característicos de las discotecas donde reinaban las lentejuelas y las esferas de espejos y luces. Pero de eso se trataba aquél híbrido que más tarde se denominó new wave.

Hablamos, por supuesto, de “Heart of Glass”, pero el origen de la canción se remonta a mucho antes de que fuera publicada, en 1979.

Algunos años atrás, en 1974, la banda se hospedó en un modesto ático en el área de Bowery, Nueva York, en donde ensayaban de noche en habitaciones tan frías que tenían que usar guantes. “Heart of Glass” fue una de las primeras canciones que compusieron, pero la pieza pasó por varias fases antes de convertirse en el clásico que conocemos hoy.

Primero fue una balada y luego un reggae, pero no terminaba de cuajar. Luego, ya que siguió sin tener un nombre, Debbie Harry y compañía comenzaron a referirse a ella como “la canción disco”, y se quedó enlatada por un buen tiempo.

Luego, en 1978, el grupo conoció al productor Mike Chapman, quien les pidió que le mostraran todo su repertorio. Así lo hicieron, y Chapman, un tanto insatisfecho, les preguntó si tenían algo más. Casi en coro, todos le mencionaron aquella canción disco que habían guardado por años. Le gustó bastante.

Para entonces Blondie ya contaba con dos discos de estudio en su haber: el homónimo de 1976 y Plastic Letters. El conjunto consiguió una caja de ritmos Roland, cuyo sonido cautivó a Chapman, por lo que decidieron incorporarlo a sus canciones, entre ellas “Heart of Glass”.

El ritmo y arreglos de la canción tomaron un cariz netamente disco. En ese tiempo, era bastante inusual que una banda de guitarras utilizara un sonido computarizado, y más aún que un conjunto punk tocara temas más bien propios de una discoteca. Era difícil distinguir si se trataba, de hecho, de una canción genuinamente disco o si era más bien una gran parodia al género.

La decisión no fue bien recibida en el circuito neoyorkino de música subterránea, en el que incluso existía el movimiento Disco Sucks! (El disco apesta). La intolerencia hacia aquél género musical era tal que en Chicago llegaron a hacerse quemas de grabaciones de música disco. Por lo anterior, el baterista Clem Burke, al principio, se negaba a tocar “Heart of Glass” en vivo, pero acabaría cediendo cuando se convirtió en un hit.

Las letras no se referían a nadie en específico, y sus versos eran un tanto distintos. Al principio decía “Once I had a love, it was a gas. Soon turned out, it was a pain in the ass” (Una vez tuve un amor y era genial. Pronto resultó ser un dolor en el trasero). Luego, por motivos comerciales, fue cambiada a “Soon turned out, had a heart of glass” (Pronto resultó tener un corazón de cristal). Y aquél nuevo verso se quedó también como el título.

El proceso de grabación fue largo y exhaustivo, pues buscaban sonar con la misma maestría y nivel de detalle que Kraftwerk, amos de los sintetizadores. Pero, al final, la canción terminó por convertirse en algo muy propio y original.

Para el video, se le pidió a la banda quedarse estática, mientras las cámaras se movían a su alrededor. “Solo dios sabe por qué. Tal vez éramos muy torpes. Usé un vestido asimétrico diseñado por Steve Sprouse, hice las playeras de los chicos yo misma y probablemente arreglé mi propio cabello”, asegura Debbie Harry.

“Todos dicen que me veo icónica y en control, pero yo prefiero nuestros otros videos. Fue número uno alrededor del mundo. Tuvimos un montón de hits, pero este fue el primero en casa. Chapman estaba con nosotros en Milán y nos dijo: ‘únanse a mí en el bar’. Pensé, ‘oh, dios, yo solo quiero ir a dormir”. Pero arrastramos nuestros traseros hasta allí y nos dijo que era número 1 en América. Bebimos un montón”, recuerda Harry.

Referencia: The Guardian