La historia de “Creep”, apología de los corazones rotos y marginados

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Una vieja nota de periódico, escrita en 1993 en el Chicago Sun-Times, lo planteaba de manera un tanto deprimente: “La mujer que inspiró la canción ‘Creep’ de Radiohead puede que nunca sepa cuán especial es”.

Aunque para muchos ya es un término bastante familiar (y hasta derivados como “creepy”) es necesario apuntar cuál es la connotación de la palabra “creep” en el idioma inglés: se refiere a un tipo raro, un fenómeno, un marginado social que no encaja muy bien en los cánones de lo que la sociedad considera normal. Todos hemos conocido a alguno o alguna en la vida real o en la ficción. Pensemos, por ejemplo, en Jonathan Byers de Stranger Things.

“Creep” fue escrita a finales de los 80, mientras Thom Yorke y el resto del grupo estudiaban en la Universidad de Exeter. La musa, según cuenta Jonny Greenwood, fue una chica de la que Thom estaba enamorado en secreto, y a la cual siguió por algunos días. Un día ella se presentó entre el público de un concierto de la banda, y el frágil cantante se alteró bastante al verla ahí.

Sin eufemismos, Thom Yorke plasmó en las letras del tema lo que casi todos hemos experimentado en algún punto de nuestras vidas: el sentirse poca cosa, indignos del amor de cierta persona que está fuera de nuestro alcance, en otra liga. Es un canto netamente autocompasivo que no muestra ningún reparo para exhibir la miseria emocional por la que atravesaba su autor.

La brutal sinceridad es el factor clave: cuando uno escucha cualquier versión en directo de “Creep” de aquellos años, es fácil darse cuenta de que Yorke siente cada palabra, que cada verso representa una flagelación autobiográfica. Y quizá no se refiera en específico a la desconocida joven que inspiró el tema, sino que bien podría ser un retrato de la vida amorosa del cantante hasta ese punto.

Quizá por esta y otras razones sus propios autores llegaron a aborrecerla: por años renegaron de su existencia. Y no era para menos: si bien “Creep” le dio a Radiohead la exposición mediática que necesitaba, se convirtió también en una gran loza que pesaba sobre ellos. Una que el público de sus primeros años le pedía al grupo interpretar hasta dos veces en sus presentaciones. Aquello era frustrante, pues no era ni su única canción ni la mejor. Y por un par de años amenazó con encasillarlos en la aborrecida categoría de one-hit wonder, cuando las ambiciones de Radiohead iban mucho más lejos.

MTV la programó hasta la náusea, y la canción escaló posiciones no solo en Norteamérica, sino también en Europa y hasta Asia. Mucho ayudó que la versión que sonó en casi todo el mundo fue aquella ligeramente censurada, que sustituye el verso «you’re so fucking special» por el insulso «you’re so very special». Aquello la hizo inofensiva casi en automático, radio-friendly.

Incluso desde su concepción, a Jonny no le agradaba para nada: le parecía lenta, aburrida. El multiinstrumentista jura que el vendaval de guitarras que aparece durante los coros fue su mejor intento por arruinar la canción, o por hacerla menos sosa al menos.

Ese sentimiento autodestructivo letrístico y sonoro es justo lo que ayudó a la canción a conectar de inmediato con el público joven norteamericano: carente de sueños, ávido de guitarras ahogadas en distorsión y una voz que expresara aquella apatía por la vida tan característica de la apodada Generación X.

Pero Jonny Greenwood tiene, de hecho, una lectura bastante optimista de la canción, feliz incluso: “es acerca de reconocer quién eres”, dijo en 1993. Y resulta curioso cómo ha ido cambiando la relación de Radiohead con esta canción: primero fue el hit infaltable en cada setlist suyo; luego, permaneció varios años “enlatada” ante la negativa del grupo a tocarla en vivo; y desde unos años para acá, al quinteto le da por tocarla de manera impredecible, con notable frecuencia en su más reciente gira. A veces es la canción que cierra los conciertos; otras, tienen la ocurrencia de abrir presentaciones con ella.

Sobre el supuesto plagio a “The Air That I Breath” de The Hollies, no hay mucho que decir: son canciones tan diferentes, que las similitudes musicales que tienen (que las hay), resultan insignificantes.

“Radiohead reconoció que lo habían tomado prestado. Y porque fueron honestos no fueron demandados al grado de decir “queremos todo [las regalías]. Así que terminamos solo consiguiendo una pequeña fracción de ello”, asegura Albert Hammond, coautor del tema de The Hollies y padre de Albert Hammond Jr., guitarrista de The Strokes. Tan poco les interesa lo que representa “Creep”, que los de Oxfordshire tampoco procedieron contra Lana del Rey cuando sus abogados querían demandarla por usar armonías parecidas en su canción “Get Free”. ¿Será que esa lánguida secuencia de acordes y los sentimientos que despierta son más universales de lo que sospechábamos?

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